La iglesia del cardenal Rivera Carrera, encubridor del pederasta Marcial Maciel, arremete contra el reconocimiento del matrimonio igualitario

Rosa Rojas

Aunque algunos quisieran dar marcha atrás al reloj de la historia y volver a los tiempos en que la iglesia Católica imponía la “ley divina” mediante las armas, la tortura, los actos de fe en los que quemaban vivos a los impíos pecadores que según los inquisidores eran dignos de castigo, esperemos que México continúe por mucho tiempo más siendo un estado laico en el que se reconozcan y respeten los derechos humanos aunque para algunos cardenales, obispos y curas – así como pastores de otras iglesias- eso constituya un “pecado”, como el reconocimiento del matrimonio igualitario, entre personas del mismo sexo, en la Constitución del Estado de Morelos.

Como bien sostuvo la presidenta del Consejo Nacional para la Prevención y Eliminación de la Discriminación (Conapred), Alexandra Haas Paciuc, durante la ceremonia de promulgación de esta reforma, “la discusión jurídica sobre la unión legal de personas del mismo sexo está totalmente superada”.

“Los prejuicios en torno a la orientación sexual de una persona no deben servir como base para negarle derechos a un sector de la población; nuestra obligación es garantizar que todos los derechos humanos de las personas sean vigentes”…”Debemos garantizar que cualquier persona elija a quien amar y con quién quiere compartir su vida” aseveró la funcionaria, según informó el 5 de julio el diario La Unión.

Las aseveraciones de la funcionaria tienen una sólida base legal: el 19 de junio de 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) publicó en el Semanario Judicial de la Federación tres jurisprudencias en las que estableció que las normas estatales que definan al matrimonio como exclusivo para un hombre y una mujer y establezcan como su única finalidad la procreación, son inconstitucionales. Según nota de El Economista, los tres documentos de jurisprudencia coinciden en que “cualquier restricción, exclusión o preferencias es una violación a los derechos humanos”.

Se establece que pretender vincular los requisitos del matrimonio con las preferencias sexuales  “es discriminatorio”. Y al estar prohibida cualquier norma discriminatoria “bajo ninguna circunstancia se puede negar o restringir a nadie un derecho con base en su orientación sexual”.

En otra de las jurisprudencias se establece que no puede excluirse a las parejas homosexuales de beneficios, ya sea fiscales, de solidaridad, por causa de muerte de uno de los conyugues, toma de propiedad, toma subrogada de decisiones médicas y migratorias.

Una tercera tesis jurisprudencial determina que si bien los congresos estatales poseen libertad de configuración para regular el estado civil de las personas, dicha facultad se encuentra limitada por los mandatos constitucionales y el reconocimiento de derechos humanos desde la Constitución y los tratados internacionales suscritos por México.

No sólo eso: para más refuerzo legal, la propia Suprema Corte determinó el 25 de enero pasado, por votación unánime de los 11 ministros, invalidar una fracción del Código Civil del estado de Jalisco que impedía el matrimonio de parejas homosexuales, de forma que quienes deseen casarse podrán hacerlo ya en esa entidad sin tener que interponer un amparo.

Por supuesto a los ministros del odio religioso medieval las leyes los tienen sin cuidado y procuran por todos los medios empujar para evitar que éstas cambien en beneficio del reconocimiento de derechos humanos que no les son gratos, impulsando el fanatismo homofóbico desde los púlpitos, medios de comunicación y toda clase de acciones el tratar de dar marcha atrás a los avances en la percepción social y en la legislación sobre todo lo que tiene que ver con derechos sexuales y reproductivos, incluso sin importarles que el propio Papa Francisco haya afirmado, el pasado 26 de junio,  que la Iglesia Católica debería disculparse con las personas gays -es decir homosexuales y lesbianas- por la forma en que las ha tratado.

El pontífice afirmó que la Iglesia no tiene derecho a juzgar a las personas gays, sino que debería respetarlas. “El catecismo dice que no deben ser discriminados. Deben ser respetados, acompañados pastoralmente”, indicó.

Estas palabras del Papa Francisco parecían una respuesta a las declaraciones y manifestaciones de una parte de la iglesia católica mexicana, comandada por el Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, quien a mediados de junio inició una escandalosa campaña contra el presidente Enrique Peña Nieto por una iniciativa para promover una reforma a la Constitución y al Código Civil del país para que se reconozca a nivel nacional el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Retadora la iglesia de Rivera Carrera respondió, mediante su vocero, Hugo Valdemar, al Papa Francisco que no ofrecerán la disculpa porque “el pecado de las prácticas homosexuales está vigente, sigue siendo un pecado grave, como pecado es robar, como pecado es el adulterio, como pecado es difamar…”. Eso dice la iglesia de sepulcro blanqueado de un Rivera Carrera que encubrió hasta el final los crímenes seriales de pederastia de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, como recordó este 6 de julio en La Jornada el articulista Carlos Martínez García.

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